Al profe le ponemos nota

Fin de curso y pocas cosas han cambiado de aquella escuela tradicional en la que nos daban las notas del sobresaliente al suspenso. Resulta curioso cómo los debates se centran en el aprendizaje, autoaprendizaje, motivación, autoestima, competencias… y, al final, todo continúa reduciéndose a un número.

Ponemos notas a nuestros alumnos y creo que es el momento de hacer balance de los objetivos alcanzados, de los problemas resueltos o pendientes y de todo aquello que debemos cambiar para mejorar. A mis alumnos universitarios siempre les digo que la PASIÓN es imprescindible para el conocimiento. Joan Ferrés lo analiza mucho mejor en su libro “La educación como industria del deseo“, que a pesar de tener unos años (es del 2008) considero que está totalmente de actualidad. Nos habla de la importancia de seducir al alumno, del papel del educador como mediador para resolver conflictos pero también para crearlos y así generar incertidumbre y paradojas en el alumno para conseguir un deseo por el aprendizaje. Su título lo dice todo: las escuelas pueden ser una “industria” para despertar en los alumnos el deseo de conocer, de preguntar y de aprender.

Ya se ha evaluado. Ya se han puesto las notas. Al que le ha ido todo bien, a disfrutar del tiempo libre, y el que ha tenido algún que otro trompicón … a repetir deberes y más deberes.

A los profesores los alumnos nos ponen nota y tendremos que ponérnosla también nosotros. Algo no va muy bien cuando hoy leíamos un artículo  que recoge la revolución que ha provocado un profesor de secundaria al publicar en Facebook los deberes estivales para sus alumnos: Es una larga lista (15 recomendaciones) pero se resumen en : leer +leer y disfrutar con pasión y deseo del aprendizaje de la vida.

 

 

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