Profesores y alumnos entre la memorización y aprender a aprender

Leía ayer un artículo sobre el trabajo del profesor universitario al que se calificaba como “uno de los trabajos más tóxicos que existen”  por el estrés que genera, la competitividad, la burocratización, o porque a veces el sistema nos hace vernos como inútiles. Pero realmente creo que nuestro principal problema es que trabajamos en una institución que aún se rige por un funcionamiento estanco y antediluviano, con alumnos que nos piden adecuarnos al s.XXI pero que se enfrentan al día día con estándares del colegio del s. XX basados en la memorización, los apuntes y que, por lo tanto, dejan muy poco espacio para el autoaprendizaje, la lectura y la madurez personal. Es cierto también que, por parte del profesorado, es muy difícil animar al alumno al autoaprendizaje y motivarle con todas las materias porque nos enfrentamos a un objetivo muy habitual, aprobar un examen y no disfrutar con el aprendizaje. En muchas ocasiones fracasamos porque también estamos aprendiendo en este nuevo aprendizaje.

Preguntas como “¿qué entra en el examen? ¿Cómo va a ser el examen, test, preguntas cortas, desarrollo de tema? ¿También entra el último tema que acabamos de dar?” son más que habituales en estas fechas, al final del curso. Los alumnos universitarios se han acostumbrado a un temario, con una teoría que se imparte en el aula, pautada y prefijada. Pero no se han parado a pensar que ese temario está disponible en la red, por parte del profesor o en los numerosos repositorios de la web. El temario debe ser solo una guía, una base para trabajar en el aula, para despertar la búsqueda del alumno, sus ganas de saber más, de aprender a aprender. Si los profesores nos quedamos satisfechos por “haber impartido todo el temario” y los alumnos contentos porque se saben todo lo que en él figura, seguiremos haciendo una Universidad tediosa, con alumnos con un papel en el que indica su título, pero desencantados con su formación. En esta etapa, tan importante es lo que aprendemos en el aula como  en una conversación con los compañeros, en las actividades, con la lectura, con internet…

Los exámenes han de ser pruebas para evaluar teoría, pero también para evaluar capacidades, competencias, cultura, facilidad comunicativa, madurez… El sistema burocrático actual no ayuda, pero si profesores y alumnos buscamos un crecimiento personal, educativo y de conocimientos, se puede conseguir tener otra universidad.

Ser profesor universtiario tiene aspectos tóxicos, como el resto de las profesiones, pero tiene una cualidad fantástica para disfrutar de la docencia y es que los alumnos nos obligan a reciclarnos, a cuestionarnos, nos ayudan a aprender todos los días. Posiblemente aquí radica el problema para cambiar en la docencia y en la evaluación;  necesitamos más tiempo para compartir el mutuo aprendizaje entre alumno y profesor y dejarnos de tanta burocracia que se nos exige para absurdas estadísticas.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *