¿Tableta, ordenador, móvil en el aula?

Empezamos el nuevo curso y algunos centros con muchos cambios, al menos en sus formas. La incorporación de herramientas como tableta, ordenador o móvil empieza a ser una realidad en primaria y secundaria. Y justo cuando se producen estos cambios, cuando las familias de la comunidad educativa han hecho un importante desembolso económico, el último informe de la OCDE en su último análisis sobre las competencias digitales, nos dice que la tecnología “parece no tener efecto en el rendimiento académico”, dados los resultados del “famoso y curioso” informe PISA.

Sinceramente, aún la ingenuidad no me ha llevado a pensar que la introducción de las TIC (Tecnologías de la Información y de la Comunicación) hiciera maravillas en los alumnos. Si introducimos tecnología y continuamos evaluando como hasta ahora, lógicamente los resultados pueden resultar confusos. El sociólogo Manuel Castells en La Era de la Información (vol.1, p 37) ya nos decía que “La tecnología o su carencia plasma la capacidad de las sociedades para transformarse”.

¿Qué buscamos con la introducción de ordenadores y tabletas en el aula, cuáles han de ser los objetivos con una nueva metodología? ¿Qué papel tiene el alumno? ¿Y el profesor? Estas son las preguntas que nos deberíamos realizar para, posteriormente, hablar de resultados.

Las investigaciones no hablan de mayor rendimiento de los alumnos con la introducción de las TIC, nos hablan de otro aprendizaje, del autoaprendizaje, de aprender a aprender, de la flipped classroom o aula invertida, es decir, combinar el aprendizaje dentro y fuera del aula. Se consigue una mayor autonomía del alumno y, considero, que también otros conocimientos que las tan penosas leyes educativas nos han ido borrando de los libros de texto.

Nuestra sociedad ha cambiado y mucho y los niños han nacido en esta sociedad cambiante y tecnificada. Manejan el móvil, el ordenador o la tableta de manera intuitiva y con facilidad; en un principio como soporte de juegos, posteriormente como búsqueda de información y después pueden descubrir su utilidad como herramientas educativas.

Suelo decirles a mis hijas que “san Google” no lo sabe todo. Es cierto que tiene mucha información pero hay que saber buscar y entresacar en la gran red sin caer atrapado. Nadie duda de la efectividad de este buscador pero hay que saber utilizarlo. Lo mismo ocurre con la introducción de las TIC.

Prensky, en su participación en el programa Redes, nos recuerda que “las cosas interesantes ocurren en las pantallas y el niño mira a su alrededor y busca lo interesante entre esas pantallas. Y los profesores son herramientas del siglo XXI porque no hay que prepararles solo para los exámenes sino para un futuro desconocido” (Prensky, “Redes”).

Las TIC en el aula pueden hacer el aprendizaje más ágil, más fluido y divertido pero si seguimos volcando en nuestras tabletas u ordenadores libros “de cristal” (como los denomina mi amigo el profesor Dani), libros de las editoriales educativas que parecen copias escaneadas de los libros de papel… no conseguiremos nada.

El autoaprendizaje del alumno y el nuevo papel del profesor como guía de ese aprendizaje, son los principales cambios que debemos introducir si queremos resultados. Si esta base la tenemos clara, entonces quizá podamos ver un cambio educativo a medio plazo, porque como dice Prensky, hablamos de “un futuro incierto”.

 

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